El arte como conocimiento desconocido

Por José Antonio Alvear

“El pensamiento del arte” se puede ver como la especulación basada en la curiosidad, sin dogmas, sin descartar nada, excepto lo demasiado obvio y trivial. Incluso el caos es parte de esta totalidad: las conexiones no lógicas, no lineales, pueden ser utilizadas tanto como las más lógicas, y todo está disponible cuando se trata de construir nuevos sistemas de orden.

Luis Camnitzer

Este es el cuarto año del Congreso de Educación Artística para el Desarrollo Humano (CEADEH). Un Congreso que ha venido evolucionando y eso se debe al diálogo que se ha establecido con sus usuarios. Desde un principio, se pensó en este espacio académico como una oportunidad para los educadores artísticos en donde fuera posible reflexionar sobre la importancia de esta área de la pedagogía, entendiendo a los estudiantes como ciudadanos en construcción. Los primeros Congresos han versado en temas como la educación artística como espacio de inclusión, la educación artística como construcción de ciudadanía, y este año, damos un paso hacia la cognición y lo dedicaremos al arte como forma de conocimiento.

No son gratuitos los esfuerzos que en muchas ciudades de todo el orbe dedican a la participación del arte en el espacio público. En los casos más simples, se trata de esfuerzos para embellecer la localidad. En los casos más serios, también se entiende como la posibilidad de ser ciudadano desde un punto de vista estético y educador. Pero el alcance del arte y su educación no termina en el embellecimiento del espacio o en la amabilidad de la convivencia pública, hay algo complementario que es lo que realmente le da sentido: el arte como forma de diálogo colectivo. Si una pared pintada bellamente no nos lleva a pensar nuestro entorno, sólo es una pared bonita. Si ese muro, en cambio, nos cuestiona sobre quiénes somos y por qué somos así en ese sitio, entonces el arte es aún más bello. Partimos  de que la ciudad es, ante todo, un permanente problema a resolver. Y eso nos lleva a desarrollar inteligencias colectivas capaces de desenmarañar eso que llamamos convivencia y bienestar. Estamos hablando de un arte contestatario, es decir, que contesta a los problemas colectivos que la propia ciudad propicia: la desigualdad, los asentamientos irregulares, la contaminación, la espacialidad, las vialidades y sobre todo, la humanidad en permanente riesgo de desaparecer en aras de una funcionalidad urbana.

El arte como forma de pensamiento es materia de urgente abordaje por parte de las políticas públicas, las escuelas formales o de cualquier otro esfuerzo educativo no institucionalizado. Sí hay esfuerzos por parte de las escuelas, por ejemplo, de buscar un lugar más propicio para el arte pero, en gran parte de los casos, aún se trata de esfuerzos aislados y sin mucho método. En el mundo de los conocimientos o saberes que están dispuestos en la educación, el arte tiene un lugar poco reconocido. Debe lidiar por un sitio digno frente a otros saberes más encumbrados y taquilleros dentro del currículo tradicional. 

En la educación formal el arte aún está considerado como un hacer y no un saber. Se ‘hacen’ cosas escénicas, plásticas, musicales; y se cree que los métodos para su realización no son formas de pensamiento, sino de ‘adiestramiento técnico’ o de ‘ejecución’, y como tales, se limitan a tener la utilidad de representar el mundo pero no la de abordarlo cognitivamente de forma cabal.

Se cree que las preguntas, los análisis y la resolución de los problemas del mundo son materia de las ciencias o, cuando mucho, de disciplinas instrumentales como la mercadotecnia, por ejemplo. El arte, en cambio, está en otra parte y, desde ahí, la interdisciplinariedad con otros saberes se ha convertido en algo lejano.

En el sistema de construcción de verdades, el arte aparece relegado a operaciones sintéticas, es decir, no se usa como método de elaboración epistemológica, puesto que se reduce su acción a dimensiones igualmente marginadas: la sensación, la emocionalidad o la comunicación de los saberes, producto de metodologías más legitimadas por el sistema educativo. Esto confirma la hegemonía de sistemas basados primordialmente en lógicas instrumentales.

Pensar en el arte como forma de conocimiento, permite cuestionar las formas estructurales para legitimar y producir nuestros saberes, los métodos dogmáticos para alcanzarlos y la utilidad de los mismos para un uso productivo y generalmente consumista. Pensar en el arte como forma de conocimiento es el principio de una revolucionaria manera de reconstrucción de nuestra sociedad.

El cuarto Congreso de Educación Artística para el Desarrollo Humano está diseñado para abordar estos y otros temas de la pedagogía artística. Nos visitarán importantes personalidades como Luis Camnitzer (artista plástico y educador), Edith Medina (bioartista), Alonso Arreola (músico y periodista), Cardiela Amezcua (Secretaria de Cultura de Morelia), Ignacio Plá (antropólogo, artista y educador), Juan José Rivas (artista sonoro), etc. Todos ellos, muy diversos pero con un común denominador: han encontrado en el arte una forma de ser, de estar y de pensar.

Nosotros estamos listos, y tú, estás invitada(o).

José Antonio Alvear. Director de Desarrollo Académico del Instituto Cultural de León.

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